En el marco de una jornada a campo organizada por el Semillero Don Lorenzo en Mattaldi, Córdoba, el ingeniero Sergio Lenardón compartió su mirada con Valor Agregado Agro sobre una problemática que sorprendió a los productores del sur provincial: la aparición del Spiroplasma en maíces sembrados fuera de época.
El especialista, reconocido fitopatólogo, investigador, ex INTA y tesista en el año 1992 sobre Spiroplasma, explicó que esta enfermedad no es común en la región más maicera de la Argenbtina , Río Cuarto y sur de Córdoba, y que, de hecho, no forma parte de las problemáticas habituales del sur cordobés. “El Spiroplasma no está en el sur de la provincia de Córdoba en forma permanente”, dijo a Valor Agregado Agro. Según Lenardón, lo que ocurrió el año pasado fue un “derrame” desde zonas endémicas como el NOA, NEA, norte de Córdoba y Santiago del Estero, donde la enfermedad es habitual.
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Ese derrame se dio por la llegada tardía de poblaciones de chicharritas que, en condiciones normales, no alcanzan el sur. Los casos registrados, explicó, fueron atípicos: “Los lotes que yo encontré con la enfermedad fueron sembrados a fines de diciembre o en los primeros días de enero, cosa que nadie hace, salvo por un granizo, una siembra forrajera o alguna situación muy puntual”.
Frente a la consulta sobre si el Spiroplasma llegó para quedarse, el ingeniero fue claro: “Tenemos que prevenir. Esta enfermedad está descripta desde hace muchos años. Yo tuve la oportunidad de determinarla por primera vez en el país en el año 1992. Siempre estuvo limitada al norte, y si bien hubo derrames esporádicos, nunca llegó como lo vimos el año pasado”. La clave, según su experiencia, está en no caer en siembras muy tardías. “No tenemos por qué preocuparnos por este problema, a no ser que haya una siembra de maíz muy tardía y tengamos un derrame, vuelvo a reiterar, de las chicharritas que traen la enfermedad, que traen el Spiroplasma”, sostuvo.
Además, advirtió sobre un viejo conocido: el mal de Río Cuarto. “Estamos en una zona peligrosa, endémica. Si bien tenemos híbridos tolerantes y ajustamos fechas de siembra, hay materiales que siguen siendo susceptibles. Hay que hablar con el ingeniero o el proveedor de semilla para estar seguros”, recomendó.
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Sobre cómo manejar el riesgo de enfermedades transmitidas por insectos vectores, Lenardón volvió a poner el foco en el calendario: “Sembrando adecuadamente en una fecha temprana o en una fecha tardía, evitando las intermedias de noviembre, que es donde se da normalmente el pico poblacional, no tendría que haber problemas”.
Por otra parte, resaltó la importancia del monitoreo. “Eso ayuda a que uno conozca cómo está el pico poblacional del insecto vector. El pico es como un triángulo: empieza desde abajo, va creciendo, y tradicionalmente, de acuerdo a las secuencias que se han hecho con la universidad, se da a mediados de noviembre. Después empieza a decaer”.
En cuanto a su trabajo original, recordó que en 1992 identificaron por primera vez los síntomas y el insecto vector, pero que luego orientó su trabajo a otras enfermedades más frecuentes en el sur, como el mal de Río Cuarto. “Lo que vimos el año pasado me hizo acordar a lo que pasó en el 96 o 97 con el mal de Río Cuarto y la gran epidemia que llegó hasta el cinturón maicero y el sur de la provincia de Buenos Aires”, recordó.
Para Lenardón, el mensaje es claro: sembrar en las fechas adecuadas y estar atentos a los movimientos de las poblaciones de chicharritas. Con eso, dice, se puede evitar que un problema del norte vuelva a poner en jaque a los maíces del sur.


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