Ignacio Bosch tiene una manera diferente de vivir el trabajo en el campo. Desde hace dos años viaja a Watkins Glen, Estados Unidos, para hacer rollos en una pequeña localidad del norte del estado de Nueva York. Allí no solo pone en práctica lo que aprendió en su familia, sino que también suma una experiencia cultural enriquecedora.
Quien escribe, viajando junto a Ignacio (Nacho) y su hermano Manolo (el Rugbier de Urú Curé-Río Cuarto) a una jornada a campo del Clúster de Alfalfa, quien manejaba, Pepe Marconi (concesionario Mainero en Río Cuarto) dijo, mientras cruzábamos mates a las 6 de la mañana: «Che, hacele una nota a este loco , como si no tuviera laburo acá se va a hacer rollos a EE.UU». Automáticamente dije: «SI, claro…y la primera pregunta fue: ¿Hablás los dos idiomas , que bueno…?, responde Nacho: «Naaaa, de hecho la primera vez que fuí estaba muy perdido en New York. Imagináte un tipo de Córdoba, sin saber Inglés y en New York, hoy me río, era desesperante, pero lo volvería a hacer….jaja»
“Hace dos años que me voy a hacer rollos allá»
Mirá la «muy buena historia de Ignacio Bosch»
Como primera instancia, Ignacio Bosch habló de la jornada del Cúster de Alfalfa en Sacanta, Córdoba y dijo que «Vinimos con mi hermano, porque estamos metiéndole ficha a esto”, contó a Valor Agregado Agro. La iniciativa tiene una fuerte raíz familiar: “Mi viejo se dedica a esto hace 15 años. Yo hace cinco años que estoy metido y mi hermano se sumó hace poco”.
Rollos en EE.UU, Made In Río Cuarto
Ignacio viaja todos los años en el mes de agosto, desde hace 2 años, y trabaja en una granja ubicada en Watkins Glen, un pequeño y pintoresco pueblo del norte del estado de Nueva York. Allí, la producción está orientada a carne bovina 100% pastoril: “No le agregan maíz ni ningún complemento, es todo pasto natural y a veces un poco de trébol rojo. Es una de las carnes más finas que hay en Estados Unidos”, aseguró.
Lo novedoso es que Bosch lleva su pasión por el forraje cruzando fronteras y llega a EE.UU . “Allá utilizamos otro tipo de maquinaria, pero es básicamente lo mismo, con algunas comodidades distintas. Los enrolladores, las cortadoras, las acondicionadoras y los rastrillos son similares. Gracias a Dios en eso estamos muy avanzados acá también”, explicó.
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Más allá del trabajo, lo que lo mueve es la experiencia. “Es algo que te abre la cabeza, conocés gente de otro lado, convivís con otra cultura”, dijo. En esa convivencia, se da un curioso intercambio: “Allá si se rompe algo van a la concesionaria oficial, no tocan nada. Nosotros, en cambio, agarramos la soldadora, el alambre, lo que sea, y lo arreglamos. Ellos se sorprenden”, relató entre risas.
Sobre lo que un argentino puede aportar, Bosch fue claro: “El trabajo. Las ganas de trabajar que tenemos acá para mí no las tiene nadie. Eso se nota y se valora”.
Este año volverá en agosto, ya habló con el productor norteamericano que lo recibe, Brett Chetsoy. “Estoy muy ansioso por volver”, confesó. Y agradeció el respaldo de su familia: “Por suerte acá nos dedicamos a esto con mi viejo, que siempre me abrió las puertas y me enseñó la cultura de este trabajo que a mí me apasiona”.









