En un mundo agroindustrial cada vez más atravesado por la digitalización, el caso de Rojo Soft se vuelve paradigmático. Fundada en 2004 en Villa María por un grupo de amigos, esta empresa de software supo entender desde sus inicios una necesidad estratégica para el sector: informatizar los procesos administrativos de empresas vinculadas a la cadena agroalimentaria.
“RojoSoft nace para brindar servicios de informatización de procesos administrativos contables de empresas acopiadoras de cereales, molinos, fábricas, corretaje, puertos, todo lo que tiene que ver con esos actores de negocio”, explica Carlos Johansen, fundador de la compañía.
El corazón de la propuesta de Rojo Soft se basa en un software ERP (Enterprise Resource Planning), es decir, una plataforma integral que permite gestionar los recursos de una empresa de manera centralizada y eficiente. “Lo que nosotros hicimos fue desarrollar un software de tipo E.R.P, o Planificación de Recursos Empresariales, es un software que integra todos los procesos de una empresa en una sola plataforma, facilitando la gestión y el control de recursos”.
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Sin embargo, el diferencial que posiciona a Rojo Soft como un verdadero actor agtech es su capacidad para adaptar el ERP a soluciones verticales, es decir, a rubros específicos dentro del complejo agroindustrial. “La necesidad de administrar, facturar y cobrar y pagar, se genera con una vertical. ¿Esa vertical cuál es? Algunos son acopiadores, otros son molinos, otras son fábricas, empresas formuladoras de fitosanitarios”.
Así, la compañía cuenta con módulos diseñados para cubrir todas las operaciones claves de estas empresas: cuenta corriente, contabilidad, impuestos, facturación, stock, remitos, entre otros. “Después tenés puertos, corredoras, que también están informatizados con nuestro software”, añade Johansen.
Esta capacidad de adaptación ha llevado a Rojo Soft a desarrollar incluso soluciones para empresas que fabrican implementos agrícolas o que están integradas verticalmente hacia la producción primaria. “Muchos acopiadores producen granos, entonces tienen siembra de campos, con lo cual desarrollamos un software para gestionar y administrar la producción primaria del grano”.
Detrás de esta visión tecnológica hay una experiencia concreta. Johansen trabajó previamente en empresas de acopio y conoce de primera mano las ineficiencias de los procesos manuales. “El cálculo de liquidación se hacía con una calculadora al lado y un papel”, recuerda. Y agrega: “Para determinar el precio de la compra de un camión de trigo tenés que previamente hacer todo un cálculo, determinación de calidad, determinación de grado, factor… después eso se transforma en plata, se aplican cálculos, se les retienen impuestos, es complejísimo el concepto del cálculo de una liquidación”.
Hoy, con más de 250 clientes, 80 colaboradores y presencia en 10 provincias argentinas, además de casos en Bolivia y Uruguay, Rojo Soft avanza hacia la internacionalización. “Trabajamos para tener un partner en España. Eso es un poco la idea que tenemos con respecto a lo que sería la internacionalización del producto”.
Pero el crecimiento de la empresa no se limita a lo geográfico. Rojo Soft también explora nuevas fronteras tecnológicas, y entre ellas, el uso de inteligencia artificial aparece como una oportunidad concreta. A partir del gran volumen de datos acumulados a lo largo de los años, la compañía analiza cómo podría utilizar herramientas de IA para generar modelos predictivos. “Tenemos muchos datos. Es tratar de conocer qué pasó en el territorio argentino con la producción de soja, por ejemplo, de los 250 clientes que tenemos. Aplicándole cálculos probabilísticos… qué podría pasar, probabilísticamente, en los próximos 5 años. Ahí habría que aplicar inteligencia artificial, por ejemplo”, explica Johansen. La idea es transformar ese conocimiento histórico en un insumo estratégico para la toma de decisiones.
Consultado sobre el perfil del cliente y los desafíos del cambio cultural, Johansen subraya: “Hemos realizado durante mucho tiempo un recorrido con hincapié en culturizar a la gente de por qué aplicar tecnología en la informatización del proceso administrativo. Y en estos 10 años, la gente ya entendió que es una necesidad”.
La pandemia, en este punto, fue un catalizador inesperado pero efectivo. “La pandemia, 2020, aceleró mucho el entendimiento de que tienen que tener tecnología de punta. Podés trabajar remoto, seguir operando… Nosotros ahí metimos mucha energía en cuanto a hacerle entender a la gente de que esto realmente se podía. Y ahí tuvimos mucha oportunidad de negocio. Crecimos a un ritmo del 50% más rápido de lo que teníamos previsto”.
Hoy, con la madurez del mercado local, los desafíos se trasladan a la exportación del modelo. Regionalizar el software implica comprender marcos impositivos distintos, y también incorporar competencias clave. “El otro desafío es pasar a ser bilingües y llegar a un alcance mucho más global”, concluye Johansen.
Por Fernanda Bireni para Valor Agregado Agro








