En el marco del 20º Encuentro Nacional de Monitoreo y Control de Plagas, que se realiza el 25 y 25 y 26 de junio en Córdoba capital con la presencia de más de mil personas en el hotel Quorum, el Ingeniero Guillermo March compartió su experiencia como uno de los pioneros en la investigación del Mal de Río Cuarto, una enfermedad viral que históricamente afectó al maíz en el sur de Córdoba.
“Llegué a Río Cuarto el mismo año en que se dio la primera gran epidemia. Ya se conocía la existencia de plantas enfermas, pero nunca se había visto un brote con características epidémicas”, recordó March en diálogo con Valor Agregado Agro.
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Comienzos de estudios “duros”
Sin presupuesto ni recursos, los primeros avances llegaron gracias al apoyo de los productores en zonas como Chaján y Sampacho. “Salimos con nuestros propios vehículos y algunos de la universidad (UNRC). Los productores nos abrieron sus campos para que evaluáremos qué pasaba”, relató.
El hallazgo del vector no fue inmediato: “Nos llevó un par de años identificarlo. Al principio se creyó que se trataba de una enfermedad similar a las que se daban en la región del Mediterráneo, especialmente en Italia, España, Yugoslavia e Israel”, comentó. Sin embargo, el virus resultó ser autóctono y recibió un nombre que es a la vez un símbolo y un desafío: Mal de Río Cuarto.
“Es el único virus designado oficialmente en español. En un momento hasta se lo llamó Mal de Sampacho. Por más que sea un mal, es un orgullo que lleve nuestro nombre”, expresó.
Durante su charla en el auditorio, March sacó una vieja calculadora Casio y remarcó: “Antes no teníamos computadora, y cuando la tuvimos, la usamos con criterio. Hoy hay que volver un poco a la Casio y no depender tanto de Google. Hay que usar los datos, compartirlos, analizarlos”.
Gracias a colaboraciones con universidades como la de Córdoba, Buenos Aires y el INTA Castelar, lograron desarrollar modelos para estudiar la relación entre clima y poblaciones del vector. “Solo con datos de temperatura y humedad se puede prever la explosión de huevos. La temperatura es clave. Cuando se acumulan grados día, los huevos eclosionan, y ahí comienza el seguimiento poblacional”.
March advirtió sobre los riesgos del cambio climático y su influencia en el resurgimiento de enfermedades: “El Mal de Río Cuarto puede volver. Todas las plagas pueden reaparecer. Las temperaturas más suaves están favoreciendo su expansión hacia el sur. Hay plagas que hoy están en Córdoba y hace 20 años no estaban. Todo puede volver”.
Ante la consulta de si el sector se ha relajado en el seguimiento del Mal de Río Cuarto, respondió: “No sé si nos hemos relajado. El sistema te lleva a atender otros temas. Lo importante es no dejar de monitorear. Hay pocos que lo siguen, que trabajan con cultivos resistentes, pero todos se acuerdan cuando el problema aparece. Hay que seguir las poblaciones, los datos climáticos y sembrar cuando corresponde”.
Siembra tardía “una bendición”
March destacó el rol de los maíces tardíos, que en muchos casos esquivan el ciclo del vector, y no dejó de insistir en que los productores-asesores deben recorrer los lote de forma permanente. “Hay que salir a medir, pero siguiendo un protocolo. No alcanza con saber cuántos vectores hay, hay que leer la dinámica. Si la avena está en decadencia, migran. Pero si está buena, se quedan. Hay que observar, entender, anticiparse”.
Con su estilo directo, entre cálculos a mano y anécdotas de campo, Guillermo March sigue dejando huella. “Antes no teníamos chata, ni aire acondicionado, ni computadora. Pero teníamos voluntad. Eso es lo que no puede faltar”, concluyó.











