En el marco de una campaña que se vislumbra desafiante pero con oportunidades, especialistas en manejo agronómico destacan la importancia de un enfoque integral para potenciar los rindes en soja.
En este contexto dialogamos con referentes de la JAT Soja 2025, organizada por Grupo Don Mario para escuchar sus apreciaciones para esta nueva campaña.
El Ingeniero Jerónimo Costanzi, Gerente de desarrollo de producto de Don Mario, destacó que: «El objetivo es entender cuáles son las variables que más impactan en la construcción del rendimiento del cultivo de soja».
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A partir de un diagnóstico exhaustivo, se determinó que el ambiente explica cerca del 60% de las variaciones en el rendimiento, mientras que el restante 40% se relaciona con aspectos de manejo y elección genética. El concepto de ambiente involucra tanto variables físicas y químicas del suelo como factores climáticos, siendo claves la temperatura y las precipitaciones.
Este dato refuerza la necesidad de planificar la campaña con un profundo conocimiento del entorno productivo, definiendo así fechas óptimas de siembra, densidad y estrategias de nutrición.
Uno de los temas críticos es el manejo nutricional. “Hoy casi el 60–65% del área agrícola presenta niveles de fósforo por debajo de 15 partes por millón”, alertó el especialista. A esto se suma que solo un 30% de los productores realiza análisis de suelo, lo que impide tomar decisiones informadas.
La respuesta de la soja a la fertilización es contundente. En lotes con deficiencia de fósforo, las aplicaciones —ya sea con fuentes como el fosfato monoamónico o mezclas físicas— pueden generar incrementos de hasta 250–300 kg/ha, una diferencia clave en contextos de márgenes ajustados. Por eso, el análisis de suelo es el punto de partida ineludible. Permite conocer el estado nutricional y otros indicadores fundamentales como el nivel de agua útil disponible y la influencia de la napa freática, variables que inciden directamente en la productividad.
En esta evolución hacia una agricultura más precisa, se apunta a realizar recomendaciones sitio-específicas o incluso intralote, aprovechando las herramientas disponibles para caracterizar la variabilidad dentro de cada parcela: “Cuando la variabilidad intralote supera los 400 a 600 kilos por hectárea, empezamos a ver respuestas concretas al manejo sitio-específico, como la densidad variable o la combinación de genotipos en un mismo lote”, explicó el técnico.
Los resultados hablan por sí solos: entre 65 kg/ha adicionales por ajuste de densidad y 100–110 kg/ha por la elección genética adecuada. Esto no solo mejora el rendimiento, sino que optimiza el uso de insumos como la semilla o los fertilizantes, reduciendo costos y aumentando la eficiencia.
Así, la nueva campaña exige decisiones cada vez más finas, basadas en diagnóstico, información precisa y tecnologías de aplicación variable. Con un enfoque de agricultura por ambientes, lote por lote e incluso dentro del lote, los productores pueden mejorar la rentabilidad sin perder de vista la sustentabilidad de sus sistemas.









