En la pista central de la Rural de Palermo no solo se respira genética de punta y pasión por la ganadería. También hay espacio para la espiritualidad. Este año, el sacerdote salesiano Julio Ramos fue el encargado de presidir la tradicional misa en homenaje a los socios fallecidos de la Sociedad Rural Argentina.
Con pasado en escuelas agrotécnicas de Buenos Aires y Río Cuarto, Julio Ramos se desempeña en San José, Misiones, donde enseña producción agropecuaria a jóvenes en una de las zonas más humildes del país.
Julio no es un cura más. Es un apasionado de las producciones agropecuarias, un influencer que tiene éxito en las redes llevando la palabra de Dios y tratando de aliviar los pesares de mucha gente, ahora en Misiones. Esta última una zona muy pobre de donde el destino sacerdotal lo ubicó hace unos años y anda nuestro protagonista con rasgos similares a nuestro José Gabriel del Rosario Brochero.
“Es un honor realmente. Me bajé del caballo y directo al altar, y del altar al caballo de vuelta”, contó con una sonrisa a Valor Agregado Agro.
Mirá la nota con Julio Ramos
“Es la meca de las muestras agropecuarias del país. Poder celebrar la misa ahí, en lo vocacional propio, fue una bendición muy linda”, dijo el padre Ramos, que conoce bien el mundo rural.
Durante diez años trabajó en una escuela agrotécnica en General Arenales, provincia de Buenos Aires, y también pasó por el colegio agrotécnico San Ambrosio, en Río Cuarto. “Hice una cantidad impresionante de amigos del ámbito de la tradición y de la producción, que gracias a Dios se mantienen”, señaló.
Siempre ligado a la Congregación Salesiana y al legado de Don Bosco, Ramos recordó que los salesianos están vinculados al campo desde hace más de un siglo. “La congregación va a cumplir 150 años en Argentina, y ya hace 120 que existe la primera escuela agrotécnica en Uribelarrea”, resaltó.
Un destino diferente: Misiones
Actualmente, Ramos fue destinado a Misiones por sus superiores. Allí trabaja en el Instituto Agrotécnico Pascual Gentilini, cerca de la localidad de San José. “Tenemos otro tipo de producción: yerba mate, hacienda cruza, forestación de pinos y eucaliptos. Es un ritmo totalmente distinto al que estaba acostumbrado. No es para ansiosos”, comentó. Y explicó por qué: “Acá (Buenos Aires) a los meses sembrás y cosechás. Allá plantás yerba mate y la cosechás a los cinco años. Un pino, a los 12 o 14 años. También la gente vive con otro ritmo, más pausado”.
Una realidad social compleja
Al describir el contexto social de la zona, Ramos no esquivó la crudeza: “Es un ambiente mucho más pobre. Algunos están conformes con su pobreza, otros luchan por progresar. Hay gente muy trabajadora y otros pocos quedados. Muchos pequeños productores viven de la chacra y sufren por la desregulación de la yerba mate y la entrada de yerba importada”.
Según el sacerdote, esas tensiones también afectan a las nuevas generaciones. “Los chicos no quieren ser tragados por los grandes. Hay conflicto entre los medianos y pequeños productores con los grandes. Y son economías muy familiares, con mucha historia. El polaco que vino e hizo té, el ucraniano que se adaptó con la yerba mate. Es parte de su identidad”.
La fe y la educación como pilares
Frente a esta realidad, la Iglesia Católica cumple un rol fundamental. “La fe en el norte es muy grande. Hay una diversidad de iglesias muy colorida: católicos, evangélicos, ortodoxos, luteranos. La iglesia trata de acompañar, iluminar, ayudar y sostener”, afirmó Ramos. Y agregó: “Desde la educación, tratamos de crear otra mentalidad desde más abajo. A los grandes les cuesta asociarse o cooperativizarse. A los chicos podemos enseñarles a trabajar en conjunto. Eso puede cambiar la realidad en el futuro”.
El mate, una tradición que no se negocia
Antes de despedirse, el padre Julio Ramos dejó una última reflexión… bien misionera. “¿Tereré o mate?”, le preguntamos. “Mate, toda la vida, y amargo”, respondió con firmeza. “No desprecien el polvillo de la yerba. Es lo que le da más sabor y más durabilidad al mate. Es el gusto de la yerba bien dada”.












