En el panel, Participaron del debate Roberto “Tino” de Rossi, docente e investigador de la Universidad Católica de Córdoba; Fernando Guerra, gerente de Desarrollo de Producto de Supra Semillas; y el productor de Jesús María, Martín Labaque, quien compartió su experiencia en campo.
La Mancha blanca, es una enfermedad conocida, pero que se hizo visible. “Estuvo siempre presente en Argentina desde hace muchos años, nada más que la campaña pasada se expresó de una manera muy importante en distintas regiones y con severidades que llamaron mucho la atención”, dijo a Valor Agregado Agro De Rossi.
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El docente y experto, explicó que se suele confundir con el llamado lunar blanco, una sintomatología causada por herbicidas o bacterias que genera pequeñas manchas aisladas. “La diferencia es que el lunar es algo puntual, muy aislado, mientras que la mancha blanca está causada por una bacteria llamada Pantoea ananatis, que debilita la hoja, genera lesiones grandes y esas manchas terminan coalesciendo”, aclaró.
El rol clave de la genética
Consultado sobre las herramientas de manejo, De Rossi fue contundente: “Al ser una bacteria, el control químico es muy errático y deficiente. La principal estrategia es la genética y el manejo del cultivo”.
En esa línea, Fernando Guerra, de Supra Semillas, remarcó que la respuesta está en el trabajo con híbridos adaptados. “Gran parte de la solución al problema está en la genética. No es lo mismo un lote en Río Cuarto que en Huinca Renancó, por lo que debemos acompañar al productor a seleccionar el híbrido correcto. Cambiar híbrido no es una mala palabra: todos funcionan, pero de manera diferente según la zona”, señaló.
Guerra comparó el desafío con otras problemáticas del cultivo: “Es como el Mal de Río Cuarto o el spiroplasma: tenemos mucho para hacer en genética. En tizón o roya, la química acompaña a la genética; en mancha blanca, la base está en la elección del híbrido”.

El testimonio de un productor
Martín Labaque , productor de la zona de Jesús María, Córdoba, relató cómo detectó la enfermedad en sus lotes:
“La primera vez que lo vi parecía que había pasado un avión aplicando paraquat, fue algo muy violento. Este año pudimos observar toda la película: cómo apareció según la fecha de siembra y en distintos híbridos”.
Si bien aún no pudo cuantificar pérdidas exactas, reconoció que hubo impactos en el ciclo del cultivo: “Se vio un anticipo en el secado, lo que seguramente afectó el peso del grano. No fue lo mismo que con el achaparramiento del año pasado, pero sí se adelantó el final del cultivo”, explicó.
Por último, y Según De Rossi, los síntomas aparecen mayormente en los estados fenológicos finales, aunque la última campaña mostró adelantos. “En Argentina normalmente la vemos hacia el final del ciclo de cultivo, pero el año pasado se adelantó un poco. Hay que estar atentos a cómo evoluciona”, advirtió.








