Durante el desarrollo del cóctel de fin de año de FIFRA y AFIC, Fernando Gil señaló que la reducción del stock no responde únicamente a la sequía de los últimos años. “En parte sí, pero también influyó mucho la incertidumbre política y macroeconómica. La ganadería es un negocio de 3 a 5 años y, al no estar claras las perspectivas, muchos productores no se animaron a retener vientres”, explicó.
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Escasez de oferta frente a un mundo que pide más carne
Según el consultor, hoy el escenario es claro: “Hay escasez de stock y de oferta, y el mundo cada vez requiere más carne y de calidad”. En ese contexto, Estados Unidos aparece como el gran jugador que modificó el mercado global. “Pasó a importar más de un millón de toneladas de carne, y eso hace que la oferta mundial —con Australia, Brasil y luego Argentina— no alcance para cubrir toda la demanda”, detalló.
A esto se suma una segmentación clara de mercados: “China demanda carne de menor valor, mientras que Estados Unidos compra distintos tipos de cortes, muchos de mayor calidad. Con el bajo stock argentino actual, no alcanza para abastecer el mercado interno y al mismo tiempo atender toda la demanda externa”, advirtió Gil.
El problema de la dependencia de China
Otro de los puntos críticos que marcó el asesor es la alta concentración de las exportaciones argentinas. “Tenemos 94 mercados abiertos, pero en la práctica le exportamos a cinco o seis. China concentra cerca del 70% de nuestras exportaciones”, explicó.
Si bien reconoció que el gigante asiático comenzó a incorporar algo de carne de mayor calidad, remarcó que la dependencia sigue siendo elevada. “Lo que hay que hacer es presionar más sobre los mercados de mayor valor. Países como Uruguay logran un precio promedio por tonelada mucho más alto porque diversifican mejor”, afirmó.
Australia como modelo: productividad antes que stock
En la comparación internacional, Gil puso el ejemplo de Australia. “Argentina tiene cerca de 50 millones de cabezas y Australia unas 27, pero ellos logran exportar mucho más en proporción. ¿Cómo lo hacen? Con productividad”, sostuvo. En ese sentido, fue contundente: “El principal problema en Argentina es la tasa de destete. Ahí tenemos un potencial enorme: podríamos lograr entre un millón y un millón y medio más de terneros por año”. A esto se suma el peso de faena. “Australia faena novillos de 600 kilos, con carcasas promedio de 300 kilos. Nosotros todavía estamos lejos de esos valores”, comparó.
Novillos pesados y feedlot: números que hoy cierran
Gil destacó que el escenario actual vuelve atractivo el engorde de novillos más pesados, algo que durante muchos años no fue viable. “Antes el número daba negativo, hoy, trabajando con eficiencia, los números son positivos”, aseguró. La clave, según explicó, está en la conversión. “En el feedlot la eficiencia es fundamental: buen manejo, animales sanos y buena genética. Hoy se pueden hacer encierres de 120 a 140 días, llevar novillos a más de 500 kilos y que el costo del kilo producido sea rentable”, señaló.
El mensaje al productor: recría y retención
Finalmente, el consultor dejó un mensaje claro para el productor. “Es fundamental la recría, con una base forrajera eficiente. El animal tiene que ganar más de 500 gramos por día en el campo antes de entrar al corral”, explicó. Y cerró con una definición directa: “Son esos procesos los que hoy dan buen margen económico y son los que el mercado está demandando. Con este contexto, quedarse con los animales, recriar y producir más kilos es una oportunidad concreta para la ganadería argentina”, concluyó Fernando Gil, dijo a Valor Agregado Agro.









