La Red de Manejo de Plagas de Aapresid advirtió un quiebre en la resistencia del evento MIR 162, considerado la última barrera biotecnológica del maíz. Los primeros casos de fallas de control de lepidópteros obligan a reforzar el manejo integrado y anticipan una mayor dependencia del control químico.
La Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid presentó los resultados de su Encuesta Nacional 2024/25, que abarcó más de 1,8 millones de hectáreas en distintas regiones agrícolas del país, y confirmó una señal de alerta para el cultivo de maíz: el evento MIR 162 comenzó a mostrar fallas de control sobre lepidópteros.
En la campaña pasada, el 3,2% de los productores encuestados indicó que debió aplicar insecticidas ante daños en maíces con tecnología MIR 162, presente en eventos como Trecepta, VT4 PRO, Power Core Ultra, Viptera 3 y Leptra. La mayor parte de los daños correspondió a Helicoverpa zea (isoca de la espiga), seguida por Spodoptera frugiperda (cogollero del maíz).
La situación es especialmente grave porque MIR 162, desarrollado por Syngenta, es considerado “la última línea de defensa” biotecnológica disponible para el control de estas plagas en maíz. De profundizarse las fallas, la estrategia química quedaría como la única alternativa hasta la aparición de nuevas tecnologías.
Si bien durante la campaña 2024/25 el evento logró controlar de manera efectiva la mayoría de los casos, los reportes preliminares de la campaña 2025/26 indican que las fallas de control tienden a incrementarse, lo que refuerza la necesidad de monitoreos más intensivos y estrategias de manejo integrado.
En cuanto a malezas, la encuesta mostró que la rama negra definió gran parte de las aplicaciones en barbechos de primavera, acompañada por yuyo colorado. En postemergencia de cultivos estivales, yuyo colorado y sorgo de Alepo fueron las más problemáticas. Los herbicidas más utilizados incluyeron HPPD, PPO y ALS en preemergencia, y glifosato, hormonales y graminicidas en postemergencia.
Respecto a enfermedades, en maíz predominó la roya común (Puccinia sorghi), aunque casi no requirió controles químicos. En soja, la mancha marrón (Septoria glycines) motivó aplicaciones en la mitad de los casos, mientras que en trigo la roya amarilla (Puccinia striiformis) demandó control químico en más del 60% de los lotes.
Un dato destacado de la encuesta es el crecimiento en el uso de productos biológicos: el 37,7% de los productores utilizó algún biológico, un 10% más que en la campaña anterior, siendo los bioestimulantes los más difundidos. Además, se consolida la adopción de prácticas complementarias al control químico, como cultivos de servicio y el acortamiento de distancias entre hileras.
El informe del REM deja en claro que el sistema productivo enfrenta un escenario cada vez más desafiante, donde la pérdida de eficacia de las herramientas biotecnológicas obliga a profundizar el manejo integrado de plagas, malezas y enfermedades para sostener la sustentabilidad del maíz argentino.







