La firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea marca un punto de inflexión para la política comercial y agroindustrial argentina. Tras más de treinta años de negociaciones, el tratado no solo avanza en la eliminación progresiva de aranceles, sino que establece un entramado de reglas, compromisos y mecanismos de cooperación que buscan previsibilidad y estabilidad en el comercio entre ambas regiones.
“Ya no se trata únicamente de liberación arancelaria, sino de marcos regulatorios integrales”, explica Ángeles Naveyra, presidente de la Fundación Barbechando, entidad que elaboró un informe técnico detallado sobre el acuerdo. “Son dos regiones que deciden trabajar juntas para eliminar aranceles y dar reglas claras. Argentina exporta al mundo, pero exporta caro, porque no tiene tratados y enfrenta aranceles en casi todos los destinos”, resume.
Escuchá la nota completa con Ángeles Naveyra
El corazón del acuerdo es la eliminación progresiva de esos costos de ingreso y, sobre todo, la reducción de las llamadas barreras paraarancelarias. “No alcanza con bajar un arancel si después te frenan con excusas sanitarias o técnicas. Este tratado clarifica esas reglas y da previsibilidad”, señala Naveyra. Para un productor, esa previsibilidad es clave: saber en qué plazos bajan los aranceles, bajo qué condiciones se puede exportar y qué no puede cambiarse de manera discrecional.
El premio es significativo. El Mercosur accede de forma preferencial a un mercado de 450 millones de consumidores, con un ingreso per cápita cercano a los 40.000 dólares anuales. “Es como recibir la llave de acceso al mayor mercado de alto poder adquisitivo del mundo”, grafica Naveyra. Un consumidor que demanda alimentos de calidad, trazables y producidos de manera sustentable, atributos donde la Argentina tiene ventajas claras: carne pastoril, maíz con baja huella de carbono y sistemas productivos que pueden adaptarse a exigencias ambientales.
En términos concretos, el 99% de los productos agrícolas del Mercosur contará con beneficios arancelarios: arancel cero o cupos específicos. Habrá cuotas para productos sensibles como carne vacuna, maíz, arroz, miel, lácteos y etanol, con volúmenes definidos y cronogramas claros. Un punto central es la entrada en vigor: no se requiere la ratificación simultánea de todos los parlamentos del Mercosur. “El primer país que ratifique puede empezar a usar las cuotas de inmediato, de manera bilateral con la Unión Europea”, destaca la presidenta de Barbechando. De allí la urgencia de avanzar en el Congreso argentino.
El acuerdo también introduce límites a prácticas que marcaron la historia reciente del comercio agropecuario argentino. Se avanza hacia la eliminación de los derechos de exportación en plazos definidos para todos los productos, con la soja como excepción transitoria. “Es un ancla institucional que obliga a cualquier gobierno a ir hacia la eliminación de las retenciones y a no usar más herramientas discrecionales como los cierres de exportaciones o los ROE”, afirma Naveyra.
Respecto de la cláusula de salvaguarda agrícola, uno de los puntos que genera inquietud, la dirigente aclara que no es automática ni unilateral. “La Unión Europea deberá demostrar técnicamente que se cumplen las condiciones para aplicarla. Es una herramienta política para tranquilizar a sus productores, no un freno libre contra nuestras exportaciones”, explica.
En definitiva, el acuerdo Mercosur–Unión Europea representa mucho más que una apertura comercial. Es una señal política, un marco de reglas previsibles y una oportunidad estratégica para que el agro argentino compita en uno de los mercados más exigentes del mundo. Para Naveyra, el desafío ahora es claro: “Entender el acuerdo, prepararse y lograr que la Argentina lo ratifique rápido para no quedar afuera de esta oportunidad histórica”.







