La sequía volvió a marcar la agenda productiva en el sur de la provincia de Córdoba. En particular, sobre la línea de la ruta provincial 27, que atraviesa el departamento General Roca, el escenario es crítico: cultivos de maíz temprano con estrés irreversible, soja que no logra cerrar surco y perfiles de suelo sin reservas. En ese contexto, la campaña empieza a mostrar decisiones extremas, impensadas meses atrás.
Uno de esos casos es el de un productor de la zona con su establecimiento ubicado entre las localidades de Jovita y Mattaldi que directamente decidió destinar el maíz temprano al consumo animal, dejando de lado cualquier expectativa de cosecha. El cultivo no alcanzó el desarrollo esperado y los números no cierran ni siquiera para cubrir los costos de trilla.
La situación no sorprende a los técnicos que siguen de cerca la región. El ingeniero agrónomo Guillermo Rivetti, en su último relevamiento para este medio, sobre el departamento General Roca, advirtió que varios cultivos “necesitan entre 60 y 80 milímetros de manera urgente para no pasar de estar ‘al horno’ a ‘frito’”. El problema es que esas lluvias no llegaron, o lo hicieron de manera muy dispar y con registros insignificantes.
“El maíz temprano es el más comprometido. En muchos lotes ya no hay margen de recuperación”, señala Rivetti. La combinación de altas temperaturas, estrés hídrico sostenido y suelos con escasa capacidad de retención terminó por definir el destino de esos planteos.
Mientras tanto, el panorama nacional muestra contrastes. Según el Panorama Agrícola Semanal (PAS) de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la siembra de maíz a nivel país alcanzó el 93,1% del área proyectada, aunque con una demora interanual de 5,3 puntos porcentuales. Si bien el avance de implantación es elevado, el informe reconoce que las condiciones climáticas continúan condicionando el potencial del cultivo, especialmente en regiones marginales o de menor estabilidad hídrica.
En soja, la situación tampoco es alentadora. Un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advirtió que casi medio millón de hectáreas de soja presentan condiciones regulares a malas, con pérdidas de potencial que ya no podrán revertirse si no se producen cambios drásticos en el régimen de lluvias. La zona núcleo concentra parte del problema, pero el sur de Córdoba aparece entre las regiones más comprometidas.
En General Roca, el impacto es doble. Por un lado, la sequía recorta rindes; por otro, obliga a redefinir estrategias productivas en tiempo real. La decisión de abrir el maíz a los animales indica que ya se agotaron todas las instancias, una acción que busca al menos rescatar algo de valor frente a un cultivo que no llegará a grano.
La postal se repite en campos donde el maíz temprano quedó chico, desparejo y con hojas acartonadas. La soja de primera transita estados fenológicos claves con estrés, y la de segunda directamente quedó condicionada desde la implantación.
Más allá de los números nacionales, la sequía vuelve a mostrar su cara más cruda cuando se baja al territorio. La línea de la ruta 27 funciona hoy como un límite simbólico de una campaña que se desarma lote por lote. Allí, donde el agua no llegó, la decisión no pasa por maximizar rindes, sino por minimizar daños.
Con el pronóstico aún incierto y sin señales claras de un cambio de escenario, el sur cordobés enfrenta semanas decisivas. Para muchos productores, el maíz ya quedó atrás. Y la pregunta que empieza a ganar peso no es cuánto se va a cosechar, sino cómo atravesar una campaña que, en algunos campos, ya se dio por perdida.


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