La discusión sobre la propiedad intelectual en semillas volvió a instalarse en la agenda del agro argentino y tuvo uno de sus focos durante Expoagro 2026. Allí, referentes del sector coincidieron en que mejorar el marco normativo podría ser clave para impulsar nuevas inversiones en desarrollo genético.
En ese contexto, Alfredo Paseyro, representante de la Asociación de Semilleros Argentinos, explicó que el debate actual pasa por analizar cómo adaptar la legislación argentina a los estándares internacionales de propiedad intelectual.
El tema volvió a cobrar relevancia luego de que el presidente Javier Milei mencionara al sector semillero en su discurso ante el Congreso. Para Paseyro, se trató de un hecho poco habitual en la política nacional. “Que un presidente de la Nación hable de semillas en un discurso del Congreso es tremendo, no hay antecedentes en la historia”, afirmó.
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Según explicó, el sector se encuentra trabajando junto a distintas entidades del agro para entender cuál podría ser el mejor camino regulatorio para el país. “Estamos tratando de entender bien qué implica un tratado internacional de propiedad intelectual, cuál es el marco normativo y cómo se adecua a la realidad argentina”, señaló.
Reglas claras para atraer inversiones
Para explicar la importancia de avanzar en ese sentido, Paseyro comparó la situación del sector semillero con otros ámbitos de la economía donde las reglas de juego generaron inversiones.
“El ejemplo más claro es Vaca Muerta, donde hoy hay inversiones de miles de millones de dólares porque existe un régimen que establece reglas claras”, explicó.
Desde su perspectiva, algo similar podría ocurrir en el desarrollo de genética vegetal si Argentina logra mejorar el reconocimiento de la propiedad intelectual. “Cuando los incentivos están y las reglas para la inversión están claras, los dólares aparecen. Eso es lo que necesitamos también en semillas”, sostuvo.
El directivo también reconoció que el posicionamiento del país en materia de propiedad intelectual todavía tiene margen de mejora a nivel global. “Nuestro reconocimiento internacional en propiedad intelectual no es el mejor, y ahí hay una oportunidad para avanzar”, indicó.
UPOV 91 y la normativa local
Uno de los caminos que analiza el sector es la adhesión de Argentina al convenio UPOV 91, un acuerdo internacional que establece estándares para la protección de nuevas variedades vegetales. Sin embargo, Paseyro aclaró que la adhesión a ese tratado no resolvería por sí sola todos los aspectos regulatorios del sistema.
“Un tratado internacional es un primer paso. Después hay que adecuarlo a la realidad nacional y finalmente implementarlo para que logre los objetivos”, explicó.
En ese sentido, planteó que el debate no debe presentarse como una disyuntiva entre adherir a UPOV 91 o sancionar una nueva ley de semillas. “No es uno u otro. Lo que nosotros proponemos es adherir a un tratado internacional, que es lo que el mundo recomienda, y luego adecuarlo a la normativa argentina”, afirmó.
El uso propio en el centro del debate
Uno de los temas más sensibles dentro de esta discusión es el uso propio de semillas, una práctica tradicional en la agricultura argentina que permite al productor reservar parte de su cosecha para volver a sembrarla. Según Paseyro, esa práctica ya forma parte de los sistemas comerciales actuales y debería contemplarse dentro de cualquier actualización normativa.
“El uso propio hoy es una práctica que Argentina tiene y que funciona dentro de los sistemas comerciales actuales”, señaló. Sin embargo, explicó que el punto central del debate pasa por definir cómo se reconoce económicamente el desarrollo genético detrás de esas variedades. “Lo que tenemos que acordar es cuánto reconocimiento hay para ese desarrollo cuando se utiliza ese sistema”, afirmó.
Tecnología para crecer
Más allá del debate regulatorio, el referente del sector subrayó que el crecimiento productivo del agro argentino dependerá en gran medida de la incorporación de tecnología y de la inversión en innovación.
En ese marco, sostuvo que la mejora en el sistema de propiedad intelectual podría ser una de las herramientas para potenciar ese proceso. “Si Argentina quiere llegar a producir 300 millones de toneladas, es con los productores, con la maquinaria, con la tecnología, con la semilla, con la propiedad intelectual y ganando plata”, concluyó.









