En el marco de Expoagro 2026, la genética y el manejo del maíz volvieron a ocupar un lugar central en las recomendaciones técnicas para el productor. La definición del ambiente, la elección del híbrido y el monitoreo de plagas aparecen hoy como factores determinantes para sostener el rendimiento.
Así lo explicó Jorge Luis Pelegrino, gerente de desarrollo de semillas de Illinois, quien sostuvo que muchas veces el productor comienza la planificación por la fecha de siembra cuando en realidad debería empezar por entender el potencial del lote.
“La fecha de siembra puede ser el primer o el segundo punto, pero previo tenés que saber qué ambiente tenés y qué esperás”, explicó.
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El especialista señaló que el análisis del ambiente es el paso central para definir la estrategia. “Conocer el ambiente es el punto más importante. Cuando vos sabés dónde estás parado, el próximo paso es la fecha de siembra”, remarcó.

En regiones maiceras del centro del país, como Río Cuarto, el maíz tardío se consolidó en los últimos años como una alternativa para reducir riesgos climáticos. Sin embargo, Pelegrino indicó que la elección no debe ser automática.
“Hay ambientes que te pueden dar siete mil kilos en un año complicado, pero también diez mil cuando el clima acompaña. En esos casos uno puede jugar con una parte en temprana y apostar a esos diez mil kilos”, explicó.
En cambio, cuando el ambiente es más restrictivo, la estrategia suele ser defensiva. “Si estoy en un ambiente donde sé que todos los años es complicado que llueva, seguramente la siembra va a ser tardía”, señaló.
Una vez definido ese punto, el foco pasa a la genética. Según Pelegrino, conocer el comportamiento del híbrido es clave para manejar la variabilidad del ambiente.

“Es muy importante conocer el producto y cómo compensa cuando cambian las condiciones”, indicó.
Algunos materiales, por ejemplo, tienen mayor capacidad de compensación cuando mejora el potencial del lote. “Si el año viene mejor de lo esperado, hay híbridos que son prolíficos y pueden tirar una segunda espiga para acompañar ese rendimiento”, explicó.
El desarrollo genético también avanza hacia nichos específicos de producción, como el maíz destinado a silo. En ese sentido, la empresa trabaja en un programa de mejoramiento orientado exclusivamente a ese segmento.
“Tenemos un programa paralelo al de grano que está enfocado cien por ciento en silo, donde medimos kilos de materia seca, digestibilidad y ventana de picado”, detalló.
El objetivo es sumar en el corto plazo un híbrido específicamente diseñado para producción forrajera. “Hoy no tenemos un producto netamente silero en la paleta y uno de los objetivos de esta campaña es lanzar un híbrido con esas características”, adelantó.
En materia sanitaria, el especialista advirtió que el maíz enfrenta dos plagas que siguen siendo complejas: el gusano cogollero y la isoca de la espiga.
“El maíz tiene dos plagas de difícil control. En el caso del cogollero hay que ir a ver los primeros estadios del cultivo y ser muy finitos. Si llegué tarde, entró y se me fue”, explicó.
Por eso, incluso con biotecnología disponible, el monitoreo volvió a ser una práctica clave. “Hoy, por más que tengas la mejor biotecnología, hay que monitorear y si requiere una aplicación hay que hacerla”, afirmó.
Para Pelegrino, el manejo del maíz cambió en los últimos años. “Antes era el cultivo que menos monitoreábamos. Íbamos al lote, lo mirábamos y después volvíamos a cosechar. Bueno, eso por el momento se terminó”, concluyó.









