Así lo planteó César Vigna, gerente de la unidad de negocios de DYE, quien destacó que la compañía atraviesa una etapa de renovación y expansión, con múltiples líneas de trabajo, pero con un foco claro en la agricultura de precisión.
“Es una tecnología que vino a cambiar la forma de trabajar en el campo”, resumió. Y no es una frase menor: lo que antes se pensaba como una solución puntual para situaciones específicas —como lotes anegados o ventanas de aplicación muy ajustadas— hoy empieza a competir en eficiencia con equipos tradicionales.
Escuchá o mirá la nota completa con César Vigna
De complemento a alternativa
Durante los últimos años, el dron fue adoptado principalmente como apoyo a la pulverización terrestre o aérea. Sin embargo, la evolución en capacidad de carga, autonomía y precisión cambió el escenario.
“Hoy hay drones que cubren superficies muy interesantes en una jornada de trabajo, con niveles de eficiencia comparables a otras maquinarias”, explicó Vigna. Esto abre la puerta a un cambio de lógica: el dron ya no solo complementa, sino que en determinados planteos productivos puede ser la herramienta principal.
Las ventajas son claras: posibilidad de ingresar a lotes sin afectar el cultivo, operar en condiciones donde otros equipos no pueden, y ajustar con precisión variables críticas como volumen de aplicación, tamaño de gota y dosis.
Escala y seguridad: las claves de la nueva generación
En el stand de la compañía, uno de los focos estuvo puesto en los modelos de mayor porte, como el Agras T70 y el T100, que representan el salto en escala que está impulsando esta tecnología.
Mientras el T70 ofrece versatilidad para distintos tipos de planteos y superficies, el T100 se posiciona como el equipo de mayor capacidad dentro del portfolio actual de DYE, incorporando además mejoras sustanciales en seguridad operativa.
“Hoy el diferencial está en los sistemas de detección de obstáculos y en la precisión con la que el equipo puede trabajar dentro del lote”, señaló Vigna. Este punto no es menor: la automatización y la seguridad son factores clave para acelerar la adopción en productores y contratistas.
La red, un factor decisivo para la adopción
Más allá de la tecnología, hay un aspecto que empieza a definir el ritmo de incorporación: el acompañamiento al usuario. En ese sentido, DYE trabaja con una red de representantes y distribuidores en todo el país, que cumplen un rol estratégico.
El modelo apunta a cercanía y soporte integral: entrega del equipo, capacitación inicial y servicio postventa. “El dron es una herramienta que necesita mantenimiento, repuestos y asistencia, como cualquier maquinaria”, explicó.
Un dato que juega a favor de la adopción es la curva de aprendizaje: el sistema de control es común a toda la línea de drones de la marca, desde los equipos más pequeños hasta los de mayor escala. Esto facilita la transición de usuarios que ya tuvieron contacto previo con esta tecnología.
Lo que viene
El crecimiento de los drones en agricultura no es solo una tendencia tecnológica, sino también operativa. La necesidad de mayor eficiencia, sumada a contextos productivos cada vez más exigentes, acelera su incorporación.
En ese marco, lo que se vio en Expoagro deja una señal clara: la discusión ya no pasa por si los drones van a ser parte del sistema productivo, sino por cómo y en qué escala se integran.
Y en esa transición, empresas como DYE buscan posicionarse no solo como proveedoras de equipos, sino como actores clave en la transformación del manejo agronómico.








