En un sector donde la información abunda pero muchas veces no se aprovecha, la empresa Plum decidió meterse de lleno en uno de los principales cuellos de botella del agro: transformar datos dispersos en decisiones concretas. Fundada en Río Cuarto por Rodrigo Ariño, la firma lleva más de una década desarrollando software, pero en los últimos años encontró en la ganadería un terreno fértil para aplicar inteligencia artificial con impacto directo en los resultados productivos.
“No somos una simple fábrica de código, sino que somos el equipo tecnológico de nuestros clientes. Nos definimos como socios tecnológicos que ayudamos a mejorar resultados a través de la tecnología”, explica Ariño, marcando el posicionamiento de la empresa.
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El punto de partida fue claro: el agro genera enormes volúmenes de información, pero gran parte sigue sin integrarse ni utilizarse de manera eficiente. “Cuando arrancamos a trabajar en el agro, muchos datos estaban en cuadernos o en la memoria del capataz. Hoy hay más digitalización, pero todavía no están conectados ni generando información útil”, señala.
A partir de ese diagnóstico, Plum desarrolló una solución basada en drones e inteligencia artificial que apunta a resolver tres problemas clave en la gestión ganadera, especialmente en feedlots.
La primera funcionalidad es el conteo automático de animales. A través de vuelos programados, el sistema identifica y contabiliza el rodeo en tiempo real. “Uno sabe lo que vale hoy un animal. El dron pasa por encima del corral o la pastura y va contando, generando un número preciso sin intervención humana”, detalla Ariño. Este proceso elimina errores, ahorra tiempo y evita movimientos innecesarios de hacienda.

La segunda solución es la lectura automática de comederos, una variable crítica en sistemas intensivos. Mediante dos o tres vuelos diarios, el sistema clasifica el estado de cada comedero y genera alertas ante desvíos. “Una buena lectura permite ver la diferencia entre una jornada eficiente o una pérdida silenciosa”, advierte. La capacidad de detectar problemas en tiempo real puede impactar directamente en la conversión alimenticia y en los márgenes del negocio.
El tercer desarrollo, aún en etapa de ajuste fino, es el pesaje de animales a partir de video. Sin necesidad de pasar por balanza, la tecnología estima el peso utilizando visión computacional. “Estamos terminando de mejorar los porcentajes de precisión, pero el sistema ya permite pesar animales sin necesidad de intervenirlos físicamente”, explica el fundador.
Detrás de estas soluciones hay una capa tecnológica diferencial: el procesamiento de imágenes en vivo. Plum trabaja con drones comerciales, pero el valor está en el software que analiza la información en tiempo real. “El dron vuela y ya estamos contando, clasificando y alertando. No hay que descargar nada ni esperar”, afirma Ariño. Los datos llegan directamente al productor a través de aplicaciones móviles o web, permitiendo una reacción inmediata.
Este enfoque no solo mejora la eficiencia operativa, sino que también reduce el estrés animal, un factor muchas veces subestimado pero clave en sistemas intensivos. Menos intervención física implica mejores resultados productivos.
Actualmente, la empresa está finalizando sus primeras implementaciones en campo y avanzando en nuevas validaciones. “El agro es un sector donde la confianza se gana con hechos. Estamos validando con datos reales y los resultados son muy buenos”, asegura.
Con foco en feedlots y productores medianos de Argentina y Latinoamérica, Plum busca democratizar el acceso a tecnología que hasta ahora estaba reservada a grandes compañías. “Queremos que con muy poca inversión el productor tenga resultados concretos en el corto plazo”, concluye Ariño.
Así, en un contexto donde cada kilo cuenta, la combinación de drones, inteligencia artificial y decisiones en tiempo real empieza a marcar un nuevo estándar para la ganadería.








