Según detalló, el inicio de la campaña generó expectativas positivas a partir de un patrón de precipitaciones que incentivó a muchos productores a adelantar la siembra, tanto en maíz como en soja. Sin embargo, esa decisión, basada en condiciones iniciales favorables, no siempre resultó acertada.
Mirá la nota con la Dra. Clauda Vega del INTA
“La variabilidad en las precipitaciones fue muy marcada, lo que hizo imposible tomar decisiones apoyadas únicamente en datos históricos o en lo que ocurre en campos cercanos”, señaló Vega. En ese sentido, remarcó la necesidad de analizar cada lote de manera particular, contemplando sus características específicas antes de definir estrategias de manejo.
Con el avance de la campaña, el escenario cambió drásticamente. En la zona de Río Cuarto se registró una sequía profunda, acompañada por una alta demanda ambiental. La combinación de falta de lluvias y necesidad hídrica de los cultivos derivó en suelos sin reservas de agua hacia fines de enero, afectando especialmente a quienes habían optado por siembras tempranas.
Otro de los factores determinantes fue la compactación de los suelos, un problema que, según la especialista, suele subestimarse. “Muchos lotes tienen capacidad de almacenar agua, pero las raíces no logran acceder a ella por limitaciones físicas”, explicó. Esta situación impacta directamente en el desarrollo radicular y, en consecuencia, en el rendimiento de los cultivos.
Vega destacó que mejorar la estructura del suelo es clave y que existen múltiples estrategias para hacerlo, como una adecuada rotación de cultivos, el uso de cultivos de servicio y un manejo nutricional acorde a las características del lote. Estas prácticas, sostuvo, permiten favorecer el crecimiento de las raíces y optimizar el aprovechamiento del agua disponible.
En relación a la siembra temprana, la técnica aclaró que no se trata de una práctica descartable, sino condicionada. “Es viable si se dan ciertas condiciones: ausencia de compactación, buena disponibilidad de agua en el perfil y un contexto climático favorable”, indicó. También subrayó la importancia de considerar pronósticos estacionales y el comportamiento histórico de cada zona.
La heterogeneidad regional quedó en evidencia al comparar lo ocurrido en Río Cuarto con localidades cercanas, donde las condiciones fueron más favorables y los resultados, significativamente mejores.
Finalmente, la especialista remarcó que, antes de recurrir a intervenciones mecánicas intensivas en el suelo, es fundamental priorizar estrategias de manejo integrales que mejoren tanto la fertilidad física como química en el largo plazo.
El balance deja una conclusión clara: en un contexto climático cada vez más variable, la clave está en el conocimiento profundo de cada ambiente productivo y en la toma de decisiones ajustadas a esa realidad.








