En el marco de la reciente jornada a campo, «Híbridos de Maíz», llevada a cabo en la Estancia La Juanita, en San Luis, dialogamos con el Ingeniero Agrónomo Gustavo Thiessen.
La búsqueda de estabilidad en los rendimientos es el desvelo de cualquier productor agrícola, especialmente en zonas donde el clima impone sus propias reglas.
En ese contexto, la tecnología de maíz de baja densidad se posiciona no solo como una alternativa técnica, sino como un cambio de paradigma disruptivo que busca asegurar el negocio a largo plazo.
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El especialista en la materia compartió los fundamentos de este manejo que lleva casi dos décadas de desarrollo en el sudoeste bonaerense y que hoy encuentra en territorio puntano un potencial de expansión extraordinario.
Aunque para muchos el planteo de bajar drásticamente la cantidad de plantas por hectárea resulte novedoso, el equipo técnico detrás de esta propuesta lleva un largo recorrido. Según explicó Thiessen, la llegada a San Luis hace dos años fue el punto de partida para que la «bolilla empezara a correr» en la región.
«Nosotros comenzamos con el maíz en el 2006, con manejos tradicionales, y hoy estamos en lo que es zona de Coronel Dorrego, en la pancita abajo, pegado a Bahía Blanca, Monte Hermoso. Trabajamos densidades con maíces de 10 a 25 mil plantas, con distanciamientos, pero siempre teniendo en claro ya desde hace seis o siete años de empezar a hablar de rindes objetivos y los distintos mecanismos de compensación de los híbridos», destacó el ingeniero.
Romper el prejuicio: Estabilidad vs. picos de rendimiento
Uno de los puntos más debatidos de esta tecnología es su carácter disruptivo. Al proponer producir con la mitad (o incluso menos) de las plantas que un manejo tradicional, se chocan contra esquemas muy arraigados en el sector.
«La realidad es que muchas veces esto es muy disruptivo porque rompe ciertos esquemas o ciertos prejuicios con respecto al cultivo. Si yo venía con un manejo tradicional y me están diciendo que con la mitad o menos puedo… bueno, de alguna manera a las empresas muchas veces no les gusta, pero lo que tenemos que entender es que el productor busca estabilidad»
El concepto central no es buscar el récord de rendimiento en un año excepcional, sino evitar el fracaso en los años difíciles. «Esta forma de trabajar lo que genera es estabilidad. Es decir, no voy a tener los picos, pero medianamente la curva la mantengo. Eso hace que el negocio sea rentable a lo largo del tiempo, porque tener esos picos o prácticamente no tener nada puede sacarte del sistema».
La jornada dejó en claro que el maíz tiene mucho camino por recorrer en la provincia, especialmente en aquellas áreas consideradas marginales. La eficiencia del cultivo es la llave para abrir estas nuevas fronteras productivas.
«San Luis tiene un potencial muy grande, y más que nada en zonas donde son consideradas marginales, donde verdaderamente el maíz puede entrar tranquilamente. Nos ha enseñado que es el cultivo que mejor transforma cada milímetro de agua por kilogramo de grano; es el más eficiente».
Finalmente, Thiessen elogió la organización del evento, a cargo de la familia Lorenzino y todo su grupo de trabajo, comparando la magnitud del encuentro con una «mini expo en potencia». Queda claro que el intercambio de conocimientos es el motor del sector: «Poder transmitir y compartir los conocimientos… todo vuelve. Es enriquecerse unos con otros y tomar conceptos que a uno le sirven. Ese ida y vuelta es fundamental en la vida», concluyó.
Gustavo Thiessen, fue sin lugar a dudas, un disertante que captó la atención de los productores que no solo escucharon sus conceptos sino que interactuaron y presentaron sus dudas respecto al tema.







