En Río Cuarto, la empresa Nufarm organizó el Simposio Girasol 360, donde los principales aspectos de la ecofisiología y el manejo estuvieron en el centro de la escena. La jornada contó con la disertación del especialista Federico Morla, quien analizó las virtudes que posicionan nuevamente al girasol como una alternativa de peso para los productores locales.
Durante su presentación, el Ingeniero Morla, docente e investigador de la UNRC, centró los ejes de la charla en la estabilidad del cultivo, una de sus ventajas más competitivas frente a otras opciones estivales de la región. «Busqué presentar y centrar un poco mi charla en la estabilidad del cultivo, que es una de las características destacadas que tienen respecto a otros cultivos de verano que se utilizan en la región, basados en la ecofisiología del crecimiento de la raíz», explicó el especialista.
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Uno de los puntos clave de la disertación fue la necesidad de anticiparse y planificar con precisión cada etapa de la campaña. Morla insistió en que el manejo oportuno es indispensable para que esa estabilidad característica se traduzca en una rentabilidad real para el productor.
«Lo que busqué en la presentación es mostrar cómo por ahí errores en la decisión de prácticas de manejo, como atrasar fechas de siembra unos días, termina impactando de manera considerable sobre el rendimiento»
Poder cuantificar y «ponerle valor» a estos desajustes habituales del campo sirve como herramienta para ajustar los márgenes y tenerlos muy en cuenta a la hora de diseñar la estrategia agronómica.
Históricamente, la nobleza y la capacidad del girasol para tolerar condiciones adversas llevaron a que se lo confinara a ambientes marginales: suelos degradados, con presencia de sales o con baja capacidad de retención de agua. Si bien el cultivo sobrevive, Morla aclaró que en esos escenarios los rendimientos máximos o potenciales no logran expresarse. El verdadero desafío actual radica en cambiar el enfoque:
«Está bueno también tener en cuenta que si hacemos que el cultivo crezca en condiciones óptimas, las respuestas en el rendimiento terminan siendo importantes»
El cultivo de girasol atraviesa un proceso de redescubrimiento en la región. Con la irrupción de la soja RR y el paquete de siembra directa en la década de 1990, el girasol ya no era opción en los lotes del sur cordobés hasta casi desaparecer. «Es un cultivo que lo teníamos relegado… Se dejó de hacer girasol en la zona, pero históricamente la zona de Río Cuarto ha sido girasolera», recordó Morla. Este regreso plantea un desafío generacional. El perfil del productor cambió en las últimas tres décadas, lo que obliga a reactivar los canales de transferencia de tecnología y conocimiento.
«En este nuevo proceso tenemos que volver a ayudar al productor, ya que no son los mismos productores que hacían girasol hace 30 o 40 años los mismos que lo están haciendo ahora. O sea que hasta se puede considerar un cultivo nuevo para la región»
Así concluyó el especialista, remarcando la importancia de recuperar y actualizar todo ese bagaje de conocimiento histórico para el beneficio de los sistemas productivos actuales.








