En el Simposio Girasol 360, organizado por Nufarm en la ciudad de Río Cuarto, se abordaron diversas estrategias orientadas a comprender y optimizar el manejo productivo del cultivo de girasol.
Uno de los principales focos del simposio estuvo puesto en el manejo de la nutrición, considerado un pilar fundamental tanto para la mejora de la eficiencia productiva como para optimizar el uso del agua, un atributo de vital importancia que vuelve sumamente atractivo a este cultivo en las regiones semiáridas.
Sobre este tema disertó el Ing. Martín Díaz Zorita, docente e investigador de la Universidad Nacional de La Pampa. Con él dialogó Valor Agregado Agro al finalizar su ponencia.
Escuchá a Díaz Zorita o mirá la entrevista completa
Durante su charla, el especialista consultó al gran público asistente si realizaban diagnóstico de suelo, y muy pocas manos confirmaron los datos que se tienen sobre el porcentaje de productores que llevan a cabo esta práctica: Las estadísticas reflejan que menos del 20% de los lotes cultivados cuentan con un análisis de suelo o un diagnóstico próximo.
«Manejamos casi el 80% de nuestras decisiones de conducción de cultivos con un diagnóstico ‘rengo’ porque desconocemos en qué situación están; en realidad, desconocemos a nuestro socio en administrar nutrientes que es el suelo»
Consultado sobre el porqué de esta baja utilización de los análisis de suelo en comparación con otras regiones agrícolas o agropecuarias del mundo, el investigador sostiene que se debe, en parte, a la combinación de dos factores históricos y estructurales:
-
La tradición de suelos muy fértiles: Durante mucho tiempo, el análisis se utilizó casi exclusivamente para validar un suelo con alta oferta de nutrientes, lo que llevó a desestimar su uso al considerarlo innecesario.
-
La complejidad en la interpretación: Interpretar un análisis de suelo requiere el acompañamiento de un profesional. Actualmente, no todos los lotes cuentan con la supervisión, planificación y acompañamiento de un ingeniero agrónomo que inserte dicho análisis en el contexto del sistema de producción y de los objetivos particulares del productor. Esto provoca que se tienda a repetir lo hecho el año anterior o a copiar al vecino, relegando el análisis a un papel de poco peso relativo.
En cuanto a la fertilización, a pesar de la importancia que reviste, los datos revelan que todavía existe un amplio margen de mejora. Si bien el 65% de los productores reconoce que fertilizar el cultivo estabiliza o mejora la producción y lo tiene incorporado en sus planteos, existe una vasta cantidad de lotes que mostrarían mejoras si se optimizara la oportunidad de uso de los nutrientes actuales o si se incorporaran aquellos que hoy se están omitiendo.
«No tenemos que olvidarnos de la nutrición del cultivo de girasol porque la nutrición consolida el crecimiento del cultivo y, en particular, consolida esa formación del rendimiento que en girasol es hacer materia grasa; es decir, una producción que se extiende fuertemente sobre la actividad de crecimiento en la etapa de llenado de los aquenios o de los granos».
A diferencia de lo que ocurre en cereales como el maíz o el trigo, donde el cultivo logra administrar y encadenar la formación del rendimiento a través de sus estructuras y biomasa, el girasol responde a una lógica más estratega. Con poca área foliar y un tamaño de hojas acotado, logra formar rendimiento si las mismas se mantienen verdes; de igual modo, si la densidad de plantas implantadas cuenta con un adecuado desarrollo de raíces, el cultivo se vuelve estable en el uso del agua y lo suficientemente robusto para sostener el capítulo. En este sentido, la fertilización actúa como un refuerzo estratégico directo para las raíces, los tallos o las hojas.
Para el girasol moderno, un nuevo planteo
El escenario actual del girasol difiere notablemente del de décadas pasadas. Hoy en día, el cultivo se desarrolla sobre sistemas productivos consolidados en siembra directa, con agriculturas de larga duración y plataformas genéticas de híbridos que poseen una capacidad de compensación muy distinta.
Este contexto obliga a replantear la estrategia productiva desde un punto de arranque diferente, el cual reconoce el valor del agua para alcanzar la productividad, la conservación del suelo en siembra directa —con la presencia de coberturas de rastrojos que generan ciertas interferencias— y una condición de producción de aceite mucho más favorable. Dado que la bonificación por superar los estándares de materia grasa es altamente significativa, la estrategia debe enfocarse en maximizar y cuidar la producción de aceite, sostiene Díaz Zorita.
A esto se le suma la necesidad de encuadrar al girasol dentro de la agricultura continua y las rotaciones de cultivos. En este esquema, el girasol se posiciona como una opción sumamente ubicua debido a su ciclo corto, lo cual permite liberar el lote tempranamente y mejorar la eficiencia de los cultivos subsiguientes.
En lo que respecta a la aplicación práctica de nutrientes, el profesional defiende que las decisiones estratégicas deben estar sincronizadas con la oportunidad, ya que los excesos pueden ocasionar severos problemas económicos y productivos.
Un exceso de fertilización puede derivar en un gasto innecesario que no aporta al rendimiento, o bien generar pérdidas al fomentar un desarrollo desmedido del área foliar, lo que acelera la aparición de enfermedades o provoca que el peso de los capítulos cause su desprendimiento. Por el contrario, la aplicación inoportuna de microelementos puede frustrar el objetivo de proteger los capítulos.
Para dar solución a esto, la tecnología actual ofrece herramientas de precisión que simplifican el traslado de la información técnica a la escala de lote de manera eficiente. A diferencia de épocas anteriores, hoy se cuenta con el soporte de imágenes en tiempo real que permiten definir con mayor precisión la fertilización nitrogenada.
El uso de indicadores de nutrición nitrogenada no es un concepto nuevo, ya que sus límites de movimiento se conocen desde hace más de 30 años. La novedad radica en la capacidad actual de aplicarlos eficientemente a nivel de lote, permitiendo realizar diagnósticos y aplicaciones variables. Esta tecnología ayuda a identificar con precisión en qué sectores del lote no resulta conveniente aplicar fertilizantes, logrando así optimizar los recursos y alcanzar mejores resultados globales.








