El maíz en Argentina ya no es solo una opción de rentabilidad estacional, sino un pilar estructural que aporta estabilidad a los esquemas productivos. Sin embargo, el techo del cultivo está lejos de haberse alcanzado. Durante el último Congreso Maizar, el Ingeniero Maximiliano Cueto, integrante del equipo de Bayer, dialogó con los medios sobre el monumental margen de crecimiento que tiene el país, estimando que la producción nacional podría dar un salto del 36% y alcanzar la histórica cifra de 80 millones de toneladas. «Argentina es un país donde la oportunidad de levantar el techo de rendimiento de maíz es palpable y está definida desde el punto de vista técnico», afirmó Cueto.
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Según el especialista, existe una brecha del 36% entre los niveles que el productor cosecha actualmente en condiciones de secano y el potencial que podría capturar utilizando las herramientas tecnológicas que ya están disponibles en el mercado. «No estamos hablando de nada que el productor no tenga hoy al alcance de la mano», subrayó.
Para el representante de Bayer, el camino hacia el cierre de esa brecha no depende de una solución mágica, sino de la precisión en el manejo. «Cuando desglosamos ese 36%, el principal componente está dado por la posibilidad de identificar correctamente los ambientes dentro de cada lote», explicó.
En ese sentido, las herramientas digitales juegan un rol determinante al permitirle al agricultor mapear y comprender la variabilidad de la tierra. «A partir de ese entendimiento se puede definir con exactitud el germoplasma adecuado, cómo manejar la densidad de plantas, la nutrición con nitrógeno y el control de plagas. Cubriendo e identificando correctamente el ambiente, se mitiga entre el 70% y el 80% de la brecha de rendimiento; el resto es manejo agronómico fino», detalló Cueto.
Al proyectar los números, el ingeniero comparó la realidad actual con el horizonte tecnológico: «Estamos hablando de un rendimiento promedio nacional que ronda los 70 a 71 quintales (qq/ha), frente a un potencial alcanzable de entre 120 y 130 quintales. Por supuesto que se puede ir por más».
Como muestra del peso que tiene el clima en esta ecuación, Cueto destacó las estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario para el ciclo en curso, que ubican el promedio en torno a los 80 quintales —unos 1.000 kilos más que la campaña anterior— impulsando con fuerza el volumen final del país.
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Mirando hacia la próxima campaña, las perspectivas de negocio se presentan atractivas, aunque no exentas de complejidades internacionales. Desde el lado de la demanda, los fundamentos del maíz siguen siendo sólidos gracias al consumo global y al mercado del etanol en diversas geografías. No obstante, la mirada está puesta en el tablero geopolítico. «Hay que seguir de cerca el volumen de producción global, que podría verse afectado en algunas regiones por el aumento de costos de los insumos, derivado del conflicto en Medio Oriente», advirtió Cueto.
En este sentido, y reforzando la postura del conflicto bélico, advirtió que esta situación incide directamente en el precio del petróleo y el gasoil —impactando en las labores y los fletes— así como en el valor de los fertilizantes, un recurso crítico para aspirar a altos rendimientos. A pesar de este «cuello de botella» entre oferta y demanda, desde Bayer anticipan un año muy interesante para el cultivo.
Una de las grandes novedades de la campaña es el lanzamiento comercial del sistema de maíz de baja estatura, una innovación de Bayer diseñada específicamente para la región templada y con un fuerte posicionamiento en planteos de siembra tardía. «Este sistema otorga tres beneficios fundamentales: más rendimiento, mayor protección frente al vuelco o quebrado, y un mejor acceso a las herramientas de manejo a lo largo de todo el ciclo», enumeró el especialista.
La elección de las siembras tardías como blanco principal no es casual. Al permanecer más tiempo en el campo esperando la cosecha, el cultivo queda expuesto a tormentas otoñales severas. “La menor estatura reduce drásticamente el centro de gravedad de la planta, otorgando una estabilidad clave para asegurar la cosecha”, explicó.
Finalmente, Cueto no esquivó la agenda sanitaria del sector, manifestando su preocupación por la aparición y avance de la enfermedad conocida como «Mancha Blanca» en la región maicera. «Es un problema que apareció con fuerza y está haciendo bastante ruido. Como primer paso, estamos enfocados en entender la problemática a fondo», señaló. Para ello, la compañía desplegó una robusta red de ensayos con más de 200 localidades distribuidas en toda la Argentina, trabajando en conjunto desde las áreas de mejoramiento y desarrollo. «Queremos mapear con precisión su presencia y evaluar el impacto real para, en una segunda etapa, poder brindarle al productor recomendaciones de manejo concretas y eficaces», concluyó.



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