El producto combina bacterias homofermentativas y heterofermentativas, claves para lograr una adecuada conservación del material ensilado y mantener la estabilidad aeróbica una vez abierto el silo. Además, incorpora enzimas celulolíticas, una característica diferencial que favorece los procesos de fermentación en cultivos considerados más difíciles, como alfalfa y mijo. “El objetivo es lograr una mejor fermentación y una mayor conservación de la materia seca”, señaló el especialista.
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Según explicó, las pérdidas durante el proceso de ensilado suelen oscilar entre el 15% y el 30% de la materia seca producida en el lote, una situación que muchas veces no es contemplada al momento de planificar las reservas forrajeras. En ese sentido, destacó que un inoculante bien aplicado puede ayudar a recuperar entre un 5% y un 8% de materia seca que normalmente se pierde durante la fermentación.
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Esa mejora no solo permite conservar más volumen de alimento, sino también mantener una mejor calidad nutricional. “Muchas veces esa recuperación de materia seca paga por sí sola el costo del inoculante y todavía deja un beneficio adicional que puede transformarse en más producción de carne o de leche”, afirmó.
Para Camarasa, la utilización de estas tecnologías no debe verse como un gasto, sino como una inversión destinada a proteger el valor del forraje producido y maximizar el resultado económico de los sistemas ganaderos. “Cuando planificamos las reservas debemos contemplar las pérdidas. Si no las tenemos en cuenta, siempre vamos a quedar cortos con el alimento disponible para los animales”, concluyó.


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