La decisión de sembrar soja temprano o retrasar la implantación no puede tomarse con una receta general. Depende del ambiente, la disponibilidad de agua, el historial productivo del lote y las perspectivas climáticas. Ese fue uno de los principales conceptos que dejó el ingeniero agrónomo Marcos Murgio, del INTA Manfredi, durante una jornada técnica organizada por Stine en Río Cuarto.
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En diálogo con Valor Agregado Agro, el especialista explicó que, si el productor cuenta con un lote de buen potencial, con adecuada oferta hídrica y pronósticos favorables, es posible apostar por fechas de siembra más tempranas. Sin embargo, advirtió que las condiciones cambian según la región y que no es lo mismo producir en el sur de Córdoba que en San Luis o hacia el este de la provincia. «Hay que medir y, en función de eso, decidir. Si el lote tiene un buen historial, influencia de napa dulce y buena disponibilidad de agua, se puede pensar en una siembra más temprana. Si no, conviene retrasar, aunque no es lo mismo hacerlo durante noviembre que ya entrar en diciembre», explicó.
Murgio sostuvo que el historial productivo del lote es una de las herramientas más sencillas para conocer el potencial del ambiente, ya que resume cómo se ha comportado el cultivo a lo largo del tiempo y permite identificar limitaciones crónicas del suelo. No obstante, aseguró que esa información debe complementarse con análisis de suelo, una práctica que todavía no está suficientemente incorporada en muchas zonas productivas. «La agronomía empieza sabiendo dónde estoy parado. Hay que hacer muestreos de suelo, conocer el ambiente, la oferta de agua y de temperatura para después tomar decisiones que permitan capitalizar ese potencial.»

El investigador del INTA remarcó que elegir la fecha de implantación es apenas una parte del manejo del cultivo. También es necesario definir correctamente el grupo de madurez, la variedad, la densidad de plantas, el distanciamiento entre hileras y la estrategia nutricional. Según explicó, todos esos factores deben adaptarse al ambiente de cada lote y dejar atrás las decisiones basadas únicamente en costumbres o experiencias de otros productores, alo que desde Valor Agregado Agro denominamos “la receta el vecino”.
«Hay que empezar a meter agronomía. Cada lote necesita decisiones propias.» Los “Shelters” o techos móviles que permiten estudiar la sequía en INTA
Durante la jornada también presentó algunos de los trabajos de investigación que desarrolla el INTA Manfredi mediante los denominados shelters o techos móviles. Estos sistemas permiten cerrar las parcelas experimentales cuando llueve para impedir el ingreso de agua y controlar con precisión el nivel de estrés hídrico que reciben los cultivos. Luego, cuando mejora el tiempo, los techos vuelven a abrirse. Gracias a estos ensayos, los investigadores pueden estudiar con mayor precisión el comportamiento de las raíces y la respuesta de las distintas variedades frente a situaciones de sequía.
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Finalmente, Murgio dejó un concepto práctico para los productores al momento de evaluar el desarrollo del cultivo. Indicó que una soja debería alcanzar alrededor de 80 centímetros de altura. Si el cultivo queda por debajo de ese valor, existen alternativas de manejo para corregir la situación, como utilizar grupos de madurez más largos o reducir la distancia entre hileras para favorecer el crecimiento.


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