De cara a la nueva campaña agrícola, el cultivo de sorgo vuelve a tomar un protagonismo central en las decisiones de los productores.
En diálogo con Valor Agregado Agro, el Ingeniero Julián Siri, Gerente de desarrollo de producto de Advanta, analizó el escenario actual del cultivo, la evolución genética de las semillas y el rol clave que juega el sorgo como herramienta de diversificación frente a las problemáticas sanitarias que afectan a otros cultivos.
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Al hacer un balance de la campaña previa, Siri remarcó que el ciclo dejó aprendizajes valiosos y un desempeño productivo destacado a nivel nacional.
«Venimos de un año que no fue bueno en la superficie cultivada de sorgo, pero sí fue muy bueno en producción, mejorando mucho el rendimiento a nivel promedio nacional»
En el contexto actual, la preocupación por la chicharrita y el espiroplasma en el maíz ha llevado a muchos productores, especialmente en la región centro-norte del país, a buscar alternativas para mitigar riesgos. Ante esta situación, el sorgo se presenta como una opción sólida.
Respecto al abanico tecnológico disponible, el especialista destacó los avances de la industria semillera en la última década: «Hoy en día tenemos toda nuestra paleta de híbridos con tecnología Igrowth de resistencia a imidazolinonas y en la mayoría de los segmentos también tenemos tecnología estaqueada con Igrowth y Aphix, que nos brinda tolerancia al pulgón amarillo, sumado a un nivel de ganancia genética muy alto durante los últimos diez años».
En ese sentido, enfatizó que quien siembra un sorgo hoy se encuentra no solo con más tecnología, sino con mayor rendimiento y estabilidad. Consultado sobre las estrategias de siembra y el manejo de fechas según el ambiente, el ingeniero explicó que la decisión depende en gran medida del perfil del lote.
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Para ambientes complejos, recomendó desplazar el período crítico hacia febrero con siembras entre mediados de noviembre y principios de diciembre para evitar que la etapa de definición ocurra en pleno enero. Siri resaltó la plasticidad y la capacidad de adaptación del sorgo frente a contingencias climáticas:
«A mí lo que más me gusta del sorgo es que es un cultivo muy resiliente. Cuando las condiciones tienen estreses bien marcados y prolongados, siempre te responde»
Finalmente, destacó que el sorgo es el cultivo de verano que mejor tolera el anegamiento, y este año ese no es un dato menor.



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